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miércoles, 27 de febrero de 2013

PRIVATIZACIONES de servicios públicos:
Una gran estafa social.
  
 
Imágenes   extraídas  de  Google.

   Son muy huecas, las excusas que la burocracia política de algunos gobiernos dan para justificar las privatizaciones de servicios escenciales, que ellos deberían administrar, sin fines lucrativos, porque tratándose de Servicios Escenciales, deben estar garantizados para la totalidad de los habitantes de una Nación, sin importar su clase económico-social.
  Solemos escuchar, a los tecnócratas gubernamentales, decir que el Estado no tiene condiciones de hacerse cargo de los servicios que privatiza...¿están admitiendo que son incapaces, que son técnica y profesionalmente inferiores a las empresas privadas? ¿Que fuimos unos reverendos idiotas al haber votado a un bando de inútiles?
   También nos dicen, que los servicios se privatizan para que los dineros de las arcas del Estado alcancen para atender otros servicios, que más tarde también se privatizarán. La estafa consiste en que: los tributos fiscales que nos obligan a pagar, para sostener esos servicios, no disminuyen cuando pasan a manos privadas. Y terminamos pagando dos veces por el mismo servicio: con los impuestos y en forma directa a las empresas particulares.
  Han inventado el sistema de las Licitaciones Públicas, que funciona como un remate, solo que no se le vende al mejor postor, sino al revés, al que ofrece menor precio. Ni hablar de exigir garantías de calidad de servicios o precios moderados para la población: No existe por parte del Estado, interés en mejorar la calidad de vida del ciudadano y protegerlo de la explotación financiera. Solo se ve el poco dinero que saldrá de los cofres públicos, al no tener que gastar en los servicios rematados, y la enorme cantidad que entrará gracias a los impuestos que se seguirán pagando por éstos; a los que se suman las coimas y tributos de las empresas ganadoras de las licitaciones.
  Se escandalizan ridículamente, cuando gobernates como Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez y Cristina Kirchner, estatizan empresas que fueran rematadas por gobiernos corruptos anteriores, para devolverlas a sus contribuyentes, de los cuales nunca debió dejar de ser. Disimulan la vergüenza de quedar en evidencia como mentirosos o inútiles (con la eficacia y precios bajos) cuando esos gobernantes demuestran que el Estado es mucho más eficiente que los privados: recaudan más dinero, y con él, fortalecen los servicios deficitarios. Y los pueblos demuestran su agradecimiento votándolos una y otra vez, y apoyándolos en los momentos más difíciles.
   He llegado a la conclusión, de que esa obsesión por ser contrarios a las reelecciones ilimitadas, se debe pura y exclusivamente al hecho de que ellos no quieren que un solo gobernante se enriquezca indefinidamente, no debe ser egoísta, debe dejar que otros tengan su oportunidad. En su mente absolutamente materialista, no cabe la idea de que existen personas que ponen los valores morales elementales por encima del metal acuñado. Y acaban odiando al egoísta, que da un muy mal ejemplo a otros gobernantes. Para colmo, la mayoría del pueblo lo ama, la prensa pasa a ser un arma obsoleta, y hasta las organizaciones internacionales terminan dándoles votos de confianza, sinceros, o convenientemente declarados.
  Empresarios extrangeros, quedan como las aves carroñeras, esperando a la distancia, cualquier señal que les permita avalanzarse sobre  la carroña podrida, que la corrupción de malos y ambiciosos políticos ha creado.
   Uruguay dio los primeros ejemplos de reacción popular, contra los obscuros negocios de los gobiernos corruptos de Julio Mª Sangunetti, Luis A. Lacalle y Jorge Batlle. El pueblo oriental, trabajó duramente juntando firmas para crear la Comisión Pro- Referéndun. Y a través de la democracia directa (plebiscito), evitó todas las privatizaciones - menos una, la Compañía del Gas -. Esto debería haber servido como ejemplo, para sus países vecinos de Latinoamérica. Pero parece que no fue así.
  Hoy, existen varias naciones con gobiernos de corte socialista, que estatizan empresas de vital importancia para la población, pero también están los que se autodenominan Progresistas, alejándose disimuladamente del socialismo auténtico. ¿Serán los próximos privatizadores? Por el bien de los habitantes de sus países, esperemos que no sea así. Uruguay está a punto de correr ese riesgo, el riesgo de incluirse entre los gobiernos que se preocupan mucho más con las virtudes de la Economía, que con la seguridad y bien-estar de la sociedad como un todo.

   Walter E. Carena
   Twitter: @wcarena