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jueves, 28 de febrero de 2013

Henry Kissinger: Hierba mala nunca muere.
Videos muy ilustrativos.

   


  A los 90 años (nacido el 27 de mayo de 1923) este siniestro, tristemente célebre y todopoderoso personaje judío-alemán, continúa tan fresco como una lechuga. Haciendo tanto mal, como una epidemia de meningitis. Muchos se preguntan, si este individuo es en verdad un ser humano, o llegó de otra dimensión desconocida, o de algún planeta infernal, para destruirnos lenta y sistemáticamente como civilización dominante en este, nuestro mundo.
  Para ilustrar brevemente su carrera política, nada mejor que recurrir a fuentes confiables, editadas en Google (si Google permite su edición, debemos pensar que hay mucho de verdad en este artículo):

   Los juicios de Henry Kissinger
 
Acusado de criminal de guerra y laureado con un controvertido Premio Nobel de la Paz en 1973, Henry Kissinger sirvió a varias administraciones norteamericanas, desde Kennedy, Johnson, Nixon a Ford, en algunos de los más tumultuosos años en la política de Estados Unidos.
El centro de este documental es el período entre 1968 y 1977, cuando Kissinger fue Consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Estado.

Por si alguien tenía dudas acerca de la credibilidad que tendrá la flamante comisión creada por la Casa Blanca para investigar los "lapsos en la seguridad que permitieron que fueran exitosos los ataques del 11 de septiembre", el presidente estadounidense George W. Bush, el chico, nombró nada menos que al ex secretario de estado Henry Kissinger para dirigirla.
Para la mayoría de los ciudadanos del mundo con un poco de memoria histórica y un mínimo de decencia, la elección de semejante personaje es abominable.
Pero si algo caracteriza al gobierno de Bush júnior es su absoluto descaro para revivir las memorias más sórdidas, reciclar a los funcionarios desempleados más reaccionarios e invocar a los burócratas más siniestros y belicosos de la historia reciente de ese país.

La elección de Kissinger para semejante puesto es una expresión más del absoluto desdén con que el gobierno estadounidense trata a la comunidad internacional. O tal vez Bush no se enteró de que el 4 de marzo de 2002 la Interpol pidió a las autoridades británicas que detuvieran a Henry Kissinger durante su estancia en Londres para interrogarlo sobre la investigación de que era objeto Augusto Pinochet.
O no le contaron que Kissinger había sido requerido por las autoridades de otras cinco naciones que visitó (Francia, Dinamarca, Argentina, Chile y Bélgica), en las cuales se habían ya emitido órdenes de detención en su contra, y en cada ocasión se había escabullido justo a tiempo.

Una de las razones por las que el gobierno estadounidense saboteó la creación de un Tribunal Internacional, fue para evitar que una organización global tuviera el poder de llamar a cuentas a militares y políticos por crímenes contra la humanidad.
Pero mientras el mundo de Kissinger se achica y más gente clama por su cabeza, en Estados Unidos se le sigue presentando como un gran estadista, un sabio en materia de relaciones internacionales y un espectacular asesor gubernamental y corporativo invaluable.

El nombramiento tiene lugar cuando aún está latente la euforia desatada por el periodista Christopher Hitchens, autor del libro The Trials of Henry Kissinger (EE.UU.-Gran Bretaña-Chile, 2002), en el cual se basa el documental del mismo nombre de Eugene Jarecki.
El libro de Hitchens es una recopilación de evidencias que demuestran que Kissinger es un criminal de guerra involucrado, entre otras cosas, en,
  • la prolongación de la guerra de Vietnam (tras descarrilar las conversaciones de paz de París en 1968)
  • haber sido el arquitecto de los bombardeos de 1969 contra Camboya (600 mil muertes) y Laos (350 mil)
  • el asesinato de 500 mil personas en Bangladesh, en 1971, tras el golpe de Estado del general Yahya Khan, armado y bendecido por Estados Unidos
  • la masacre de más de 200 mil personas en Timor Oriental a manos del ejército de Indonesia en 1975
Por si fuera poco, el problema de la desconfianza que provoca el currículum político del "Premio Nobel de la Paz" (recibido por una paz que no negoció), Kissinger, se trata de un individuo obsesionado con los misterios, los secretos y las conspiraciones (y no aquellas que tienen que ver con extraterrestres sino con golpes de Estado, magnicidios y el saqueo a escala gigantesca de los recursos de las naciones).
El Dr. K es un hombre que, como señala su ex amigo y colega, el articulista William Safire (víctima de la paranoia del doctor Kissinger, que lo espiaba con micrófonos cuando aún eran amigos y colegas), no sabía distinguir entre los secretos del gobierno y su privacidad personal.
Además, uno de los problemas que ni la administración Bush ha podido ocultar es la posibilidad de una cascada de inminentes conflictos de intereses, entre los presuntos involucrados en los actos del 11 de septiembre (como el gobierno Saudita y Kuwaití) y la cartera de clientes de su empresa de asesoría internacional (Kissinger Associates Inc., con domicilio en 350 Park Avenue, piso 26, en Manhattan).
Kissinger declaró que no podía concebir que existiera conflicto alguno, pero, en cualquier caso, la Casa Blanca no pidió al Doctor K que revelara a quién ofrece sus servicios de consultoría.

Internamente, el nombramiento del ex profesor Kissinger parece llevar implícito un llamado a la unidad de parte del grupo más extremista dentro del gobierno (Cheney, Rice, Wolfowitz, Perle), a los sectores mas conservadores cercanos al grupo de poder de la familia Bush (Scowcroft, papá Bush y Eagleburger).
Algunos defienden el nombramiento argumentando que la vasta experiencia de Kissinger en marrullerías, intrigas, omisiones, mentiras y distorsiones lo ubica en una posición privilegiada para descubrir debilidades y culpas. Quizá sea cierto, pero lo importante será saber a quién va a beneficiar que un criminal de guerra tenga en sus manos esa información y ese poder.

Existen numerosas iniciativas que persiguen conseguir su procesamiento ante instancias judiciales internacionales.
Y lo mas importante: la retirada del premio Nobel de la Paz.

  Hay un video de youtube al final de este documento, pero dice: Se ha cancelado la cuenta de YouTube asociada a este video debido a varias notificaciones de terceros de infracción de los derechos de Copyright.
                     
                              *                    *                   * 

 Ya tenemos muy claro, que el organismo que otorga los Nobels es una fantochada política,  totalmente direccionada por los magnates sionistas y pro-sionistas. Al punto que comienza a dar vergüenza, que uno de nuestros compatriotas sea alguna vez galardonado con ese título tan falso.
 Los siguientes videos, podrían ser contestados si no existieran tantos testigos, sobrevivientes de las inhumanidades históricas y actuales de este tétrico personaje, recomiendo los videos enlazados al final de cada uno, son muy jugosos:

  


 Todos los documentos a respecto de Kissinger, deben ser estudiados por las personas que se preocupan por la seguridad de nuestros continentes Central y Sur; las que no desean que sus descendientes, sean un día los soldaditos de plomo de media docena de magnates inmensamente ricos y poderosos; las que posean un alto grado de honradez, orgullo y dignidad. Es a travéz de sus ideas y estrategias, que podremos estar prevenidos cuando 
los "cerebros" del mal decidan hacernos blanco de sus ambiciones, a corto plazo.
  No vamos a caer en la ingenuidad de que nos van a dejar tranquilos, a medida que las izquierdas de Latinoamérica llegan al poder y comienzan a unificarse. Llegará el triste momento, en que debamos decidir si nos dejamos arrear como ovejas, o formanos frentes de resistencia para combatirlos como tigres defendiendo su territorio. Y tenemos que estar lo más preparados que nos sea posible.

  Walter E. Carena
  Twitter: @wcarena  
 

miércoles, 27 de febrero de 2013

PRIVATIZACIONES de servicios públicos:
Una gran estafa social.
  
 
Imágenes   extraídas  de  Google.

   Son muy huecas, las excusas que la burocracia política de algunos gobiernos dan para justificar las privatizaciones de servicios escenciales, que ellos deberían administrar, sin fines lucrativos, porque tratándose de Servicios Escenciales, deben estar garantizados para la totalidad de los habitantes de una Nación, sin importar su clase económico-social.
  Solemos escuchar, a los tecnócratas gubernamentales, decir que el Estado no tiene condiciones de hacerse cargo de los servicios que privatiza...¿están admitiendo que son incapaces, que son técnica y profesionalmente inferiores a las empresas privadas? ¿Que fuimos unos reverendos idiotas al haber votado a un bando de inútiles?
   También nos dicen, que los servicios se privatizan para que los dineros de las arcas del Estado alcancen para atender otros servicios, que más tarde también se privatizarán. La estafa consiste en que: los tributos fiscales que nos obligan a pagar, para sostener esos servicios, no disminuyen cuando pasan a manos privadas. Y terminamos pagando dos veces por el mismo servicio: con los impuestos y en forma directa a las empresas particulares.
  Han inventado el sistema de las Licitaciones Públicas, que funciona como un remate, solo que no se le vende al mejor postor, sino al revés, al que ofrece menor precio. Ni hablar de exigir garantías de calidad de servicios o precios moderados para la población: No existe por parte del Estado, interés en mejorar la calidad de vida del ciudadano y protegerlo de la explotación financiera. Solo se ve el poco dinero que saldrá de los cofres públicos, al no tener que gastar en los servicios rematados, y la enorme cantidad que entrará gracias a los impuestos que se seguirán pagando por éstos; a los que se suman las coimas y tributos de las empresas ganadoras de las licitaciones.
  Se escandalizan ridículamente, cuando gobernates como Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez y Cristina Kirchner, estatizan empresas que fueran rematadas por gobiernos corruptos anteriores, para devolverlas a sus contribuyentes, de los cuales nunca debió dejar de ser. Disimulan la vergüenza de quedar en evidencia como mentirosos o inútiles (con la eficacia y precios bajos) cuando esos gobernantes demuestran que el Estado es mucho más eficiente que los privados: recaudan más dinero, y con él, fortalecen los servicios deficitarios. Y los pueblos demuestran su agradecimiento votándolos una y otra vez, y apoyándolos en los momentos más difíciles.
   He llegado a la conclusión, de que esa obsesión por ser contrarios a las reelecciones ilimitadas, se debe pura y exclusivamente al hecho de que ellos no quieren que un solo gobernante se enriquezca indefinidamente, no debe ser egoísta, debe dejar que otros tengan su oportunidad. En su mente absolutamente materialista, no cabe la idea de que existen personas que ponen los valores morales elementales por encima del metal acuñado. Y acaban odiando al egoísta, que da un muy mal ejemplo a otros gobernantes. Para colmo, la mayoría del pueblo lo ama, la prensa pasa a ser un arma obsoleta, y hasta las organizaciones internacionales terminan dándoles votos de confianza, sinceros, o convenientemente declarados.
  Empresarios extrangeros, quedan como las aves carroñeras, esperando a la distancia, cualquier señal que les permita avalanzarse sobre  la carroña podrida, que la corrupción de malos y ambiciosos políticos ha creado.
   Uruguay dio los primeros ejemplos de reacción popular, contra los obscuros negocios de los gobiernos corruptos de Julio Mª Sangunetti, Luis A. Lacalle y Jorge Batlle. El pueblo oriental, trabajó duramente juntando firmas para crear la Comisión Pro- Referéndun. Y a través de la democracia directa (plebiscito), evitó todas las privatizaciones - menos una, la Compañía del Gas -. Esto debería haber servido como ejemplo, para sus países vecinos de Latinoamérica. Pero parece que no fue así.
  Hoy, existen varias naciones con gobiernos de corte socialista, que estatizan empresas de vital importancia para la población, pero también están los que se autodenominan Progresistas, alejándose disimuladamente del socialismo auténtico. ¿Serán los próximos privatizadores? Por el bien de los habitantes de sus países, esperemos que no sea así. Uruguay está a punto de correr ese riesgo, el riesgo de incluirse entre los gobiernos que se preocupan mucho más con las virtudes de la Economía, que con la seguridad y bien-estar de la sociedad como un todo.

   Walter E. Carena
   Twitter: @wcarena

martes, 26 de febrero de 2013

¡Dejad las armas! Nunca el ideario revolucionario II.
Artículo del Suplemento semanal "Bitácora" de LR 21 de Uruguay.

 


   

  

 
El libro de Nils Castro

Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear

Por Niko Schvarz (*)
El libro del panameño Nils Castro ''Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear''  es de una palpitante actualidad. Se propone nada menos que diseñar la trayectoria de las izquierdas latinoamericanas (en su contexto internacional) en el siglo pasado y, sobre todo, en la primera década del siglo XXI, con sus notables transformaciones.

Es la primera aproximación que conozco a este tema trascendente. El objetivo, ambicioso en el mejor sentido del término, se logra plenamente. Creo que este libro es un elemento de imprescindible consulta para el gran debate sobre el futuro de América Latina en la crítica situación del mundo de hoy.
La primera edición es de marzo de 2012, y consta de dos prólogos: del brasileño Marco Aurelio García, asesor de política exterior de los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff, y del argentino Jorge Taiana, canciller de 2005 a 2010. El autor presentó el libro el 10 de mayo del año pasado, apenas salido del horno, en una conferencia en la Casa de la Patria Grande en Buenos Aires, bajo el título: ''Retos y oportunidades de las izquierdas latinoamericanas''.
Nils Castro reseña los hechos fundamentales de esta rica y compleja trayectoria, y a la vez formula sus opiniones de una manera directa, sin ambigüedades, en un lenguaje amplio, sin resabios dogmáticos. Constituyen, antes que nada, una invitación a una reflexión colectiva sobre los grandes temas  hoy en debate entre todos los partidos de izquierda del continente.  El autor tiene la doble condición de analista y de participante directo, desde hace largos años, en las luchas de nuestros pueblos y en estos debates, desde diversos organismos. Además, se beneficia del hecho de que Panamá constituye una peculiar atalaya, o un puente, entre la América del Sur y la América central y caribeña. Desde allí se vislumbra a ambas.
En la primera parte se analiza el impacto en todo el continente de la revolución rusa (y su ulterior derrumbe), de la revolución china, y muy particularmente de la revolución cubana, el acontecimiento fundamental de nuestra historia común desde las guerras de independencia. Es una reconstrucción muy útil para las generaciones jóvenes. Pero sin duda el aporte sustancial de la obra se concentra en el análisis de la significación y las proyecciones de los acontecimientos de la primera década del siglo XXI, el ciclo inédito de victorias que llevaron a la izquierda a conquistar los gobiernos en una serie de países del continente, en lo que Rafael Correa (y estoy escribiendo estas líneas en las vísperas de su segura victoria el 17 de febrero) denominó el cambio de época de América Latina.
No estará de más reiterar los eslabones de este proceso, para tener una visión de conjunto. En el primero de los prólogos citados se sintetizan en los siguientes términos: ''Ese proceso se inició con Chávez, en Venezuela, fue seguido por Lula (dos gobiernos) en Brasil, se ahondó con la continuidad de la experiencia de centro-izquierda de la Concertación Democrática en Chile, con las victorias de Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Martín Torrijos en Panamá, de los Kirchner en la Argentina, además de Daniel Ortega en Nicaragua, Álvaro Colom en Guatemala, el triunfo de Mauricio Funes en El Salvador y de José Pepe Mujica en Uruguay, que reeligió al Frente Amplio en el gobierno de ese país''.
Son todos procesos distintos entre sí y dotado cada uno de rasgos peculiares, que no obstante presentan rasgos comunes. Nacen del agotamiento de los modelos conservadores, de sesgo neoliberal, que condujeron a una verdadera tragedia social. En varios países la victoria fue alcanzada por grandes partidos y coaliciones partidarias, como en el caso del Frente Amplio uruguayo y del PT brasileño. En otros (Bolivia, Ecuador, Perú), fue muy importante el componente étnico. En varias naciones fue significativo el cambio institucional, que dio origen a la elaboración de una nueva Constitución por parte de las respectivas Asambleas Constituyentes. Esto da idea de la magnitud y la calidad de los cambios operados, y en consecuencia de las nuevas perspectivas abiertas. Todo ello sin dejar de tomar en cuenta la contraofensiva de las fuerzas de la derecha, de la que son ejemplo los golpes de Estado en Honduras y posteriormente en Paraguay, así como los intentos golpistas en Venezuela y en Ecuador, principalmente. Se ha recordado al respecto la frase famosa de Odilon Barrot en el siglo XIX, en nombre de los sectores privilegiados: ''La legalidad nos mata''.
Todo este tema está planteado ampliamente en el libro de Nils Castro, al extremo de que domina buena parte de la segunda mitad: el de la democracia y el socialismo (y podríamos agregar: de las vías de transición entre ambos). Varios aspectos quedan claros de su análisis. El primero y principal: que la democracia no es una dádiva de las clases dominantes, sino un espacio de conquistas permanentes por parte de los trabajadores y sectores populares; que no es apenas un instrumento, sino un método y un fin. Recuerdo que este tema se discutió especialmente, y arribó a las conclusiones mencionadas, en el IV Encuentro del Foro de Sâo Paulo efectuado en julio de 1993 en La Habana.
En segundo término, se señala la importancia de reconstruir el paradigma socialista como obligación primordial de los partidos de izquierda de América Latina, tras la profunda crisis que vivió el socialismo, no sólo en su vertiente comunista con el desplome de la Unión Soviética y los países del este europeo, sino también en su variante socialdemócrata a fines del siglo pasado y claramente expuesta hoy día.
Ello obliga, como decíamos, a explorar los caminos de transición, y aquí es donde se debe ejercer la labor creadora de nuestros partidos, reclama Nils Castro, para conquistar lo que en términos de Gramsci (reiteradamente citado) llamaríamos la hegemonía político-cultural. Y con la meta de hacer surgir nuevos valores para la renovación de una cultura socialista. Un ejemplo interesante es que partidos de América Central que tenían como objetivo alcanzar el socialismo por la acción armada, están ahora concentrados en la tarea de cimentar sólidamente la democracia, sin renunciar a sus objetivos. En el prólogo citado se sintetizan estos aspectos señalando que ''si es cierto que el socialismo no se reduce a la realización de la democracia, es igualmente cierto que el socialismo solo puede realizarse plenamente en democracia''.
Reitero que estos planteos, formulados con gran vivacidad y frescura, vienen directamente al encuentro del debate en que, en mayor o menos grado, están empeñados todos los partidos y coaliciones de izquierda en nuestra América.
Dado que el libro de Nils Castro es una invitación abierta a la reflexión y al debate, me voy a permitir algunos señalamientos.
Me parece que no está suficientemente subrayado el aspecto de la integración latinoamericana, y particularmente lo referido a la creación de la CELAC. Es la primera vez que se constituye un organismo que reúne a todos los países de la América Latina y caribeña, con exclusión de Estados Unidos y Canadá. De alguna manera, ello viene a complementar el logro  histórico que significó el rechazo del ALCA en Mar del Plata, por acción conjunta de varios gobiernos de izquierda. La CELAC, que en sus primeros pasos ya ha demostrado su eficacia potencial, viene a ser el reverso de la fracasada ALCA y un paso significativo en la independencia y soberanía de nuestros países.


Otro tema. 


El contenido de las transformaciones progresistas alcanzadas por los gobiernos de izquierda en esta década no está, en mi opinión, ubicado en sus justos términos. El autor revela una preocupación permanente de abstenerse de juicios sonrosados, señala las dificultades y limitaciones de los cambios realizados, así como su carácter reversible. Se niega a diseñar un panorama idílico, ofrece una perspectiva realista. Pero no se puede dejar de apreciar, creo, que el conjunto de las medidas adoptadas por los gobiernos de Lula y Dilma, por ejemplo, están cambiando la estructura misma de la sociedad brasileña, sacando a decenas de millones de seres de la pobreza y la indigencia, mejorando sustancialmente las condiciones de vida de las grandes mayorías. Y ese es un paso ineludible para plantearse, llegado el momento, el pasaje a una etapa superior. Sin esas realizaciones, ello sería imposible.

Admito de antemano que en esta otra limitación que voy a señalar me pongo la camiseta, pero pienso que la experiencia unitaria del Frente Amplio uruguayo merece mayor destaque. Es ejemplar en varios sentidos, y esa idea la palpamos a diario en distintos países de América Latina (y también en Europa, como lo prueba el caso de Mélenchon, citado en el libro, justo es reconocerlo). El Frente Amplio uruguayo logró la proeza de reunir a absolutamente todas las corrientes de izquierda, de atraer a su seno a sectores que se desprendieron de los dos partidos tradicionales (los más viejos del mundo), selló la unión de los cristianos y los marxistas, y no ha llegado a su techo de crecimiento, todo ello sobre la base de esa política de puertas abiertas de unidad sin exclusiones como principio esencial.
Por último, un aspecto parcial. En el análisis sobre Haya de la Torre y el APRA, hubiera correspondido, me parece, citar la acertada definición del cubano Julio Antonio Mella (que lo tildó de Asociación para revolucionarios arrepentidos) y el temprano folleto de Rodney Arismendi ''La filosofía del marxismo y el Sr. Haya de la Torre''. Lo digo porque tengo el convencimiento de que muchas obras valiosas del dirigente comunista uruguayo no son debidamente conocidas en el ámbito internacional.
He querido responder a un planteo franco y directo con igual franqueza. Y concluyo que el libro de Nils Castro tiene un valor inestimable, se adentra con audacia  y lucidez en un territorio poco frecuentado y que es obligación ineludible y actual de nuestros partidos explorar a fondo.

(*) Periodista. Uruguay 

                               *                    *                   * 

  El señor Schvarz, señala muy bien las omisiones que el autor del libro hace con referencia a las transformaciones progresistas en los países donde la izquierda ha llegado al poder. No obstante, y tal vez por falta de espacio, le da énfasis a las transformaciones de corte económico (sacando a decenas de millones de seres de la pobreza y la indigencia), que por cierto, es muy importante, aunque por tratarse de políticas socialistas, los cambios sociales deben estar encabezados por los realizados en la Educación y la Salud públicas.
  En los países donde el Socialismo del siglo XXI, está siendo implementado, ya se ha erradicado el analfabetismo; la mortalidad infantil ha descendido verticalmente; la expectativa de vida de los habitantes ha subido a más cinco años (promedio); las deficiencias y enfermedades de vista, nunca tuvieron tanta atención en toda sus historias, y los salarios jamás habían sido tan justos. Las populaciones de estas naciones, están mucho más esclarecidas cívica y políticamente, que diez años atrás. Los medios de comunicación ya no hacen lo que sus "patrones" desean que hagan, y cuando tratan de hacerlo, acaban siendo ridiculizados por el público. Ya no informan lo que ellos quieren que la gente sepa, sino lo que la gente quiere saber; los medios que insisten en su mercenarismo, terminan enfrentando juicios y críticas por parte de los gobiernos y la sociedad, fisurando su credibilidad y arriesgando su sobrevivencia.

 

 Walter E. Carena
 Twitter: @wcarena